domingo, 2 de octubre de 2011


Machismo

El machismo, expresión derivada de la palabra "macho", se define en el DRAE como la "actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres".1
Una definición más amplia dada por algunos movimientos feministas lo define como "el conjunto de actitudes y prácticas aprendidas sexistas llevadas a cabo en pro del mantenimiento de órdenes sociales en que las mujeres son sometidas o discriminadas"; tal definición ha resultado discutible, pues tiende a degradar en que las diferencias entre hombres y mujeres son siempre de origen social y negativas, originándose movimientos complementarios que sirven como contrapeso a los sectores de la iniciativa feminista que caen en el hembrismo (también llamado Sexismo inverso), como el Masculinismo. En lo venidero, el artículo se enfoca en el desarrollo que el feminismo y la opinión pública han hecho de este término.
Se considera el machismo como causante principal de comportamientos heterosexistas u homofóbicos. Aquella conducta permea distintos niveles de la sociedad desde la niñez temprana hasta la adultez con iniciaciones de fraternidades y otras presiones de los llamados grupos
El machismo engloba el conjunto de actitudes, conductas, prácticas sociales y creencias destinadas a justificar y promover el mantenimiento de conductas percibidas tradicionalmente como heterosexualmente masculinas y, también, discriminatorias contra las mujeres. Algunos críticos consideran también machismo la discriminación contra otros grupos sociales percibidos como más débiles, como en el caso de hombres cuyo comportamiento, por ejemplo por tener una preferencia homosexual, no es "masculino" a los ojos de la persona machista. En todos los casos, la conducta preponderantemente masculina es la dominante.2
También existe una rica tradición literaria que prolifera la imagen machista mediante el desdén o maltrato de las mujeres como en las diversas obras del tema de Don Juan Tenorio.
En América Latina hay autores que identifican el machismo con la "otra cara del [marianismo]".3
No obstante todo lo anterior, es de señalar que en la cultura náhuatl la expresión Macho (que no tiene nada que ver con la derivación del latín "mascŭlus" de la palabra macho en español), quiere decir, traducido al castellano, ejemplar, es decir, digno de ser imitado, de allí que en México se preste a confusión el uso de aquella palabra si no va acompañada de mayores precisiones.4

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Formas de machismoEl machismo, asimismo, castiga cualquier comportamiento existente el machismo, contribuye a diluir la diferenciación estereotipada del machismo. El machismo es un conjunto de actitudes presentes no sólo en el comportamiento y pensamiento de los propios varones, sino incluso entre las mujeres.
Causas del machismo
El machismo ha sido un elemento de control social y explotación sexista en muchas [cultura]s [cita requerida]. Algunos factores mencionados y que podrían ser causa de su continuidad serían: "los matriarcados".
  • Leyes discriminatorias hacia la mujer.
    • Diferencia de tratamiento en el caso del adulterio: en algunas culturas, el adulterio, o el embarazo previo a la concertación del matrimonio son castigadas con la pena capital.
    • Necesidad del permiso del varón para realizar actividades económicas[cita requerida].
    • Negación del derecho a voto o de otros derechos civiles (véase sufragista).
  • Educación machista desde las escuelas y la propia familia, por el cual el proceso de enculturación trata de justificar y continuar el orden social existente. Eso incluye consideración de valores positivos la sumisión al marido, el matrimonio y la procreación como una forma preferente de autorrealización. Hasta los movimientos de emancipación femenina de este siglo muchas de la mejores escuelas universitarias y profesionales no admitían mujeres como por ejemplo: PrincetonYaleHarvardOxford y Cambridge.
En ciudades como Nueva York, París y Londres, no fue hasta la segunda mitad del siglo XX que les fue permitido a las mujeres el uso de pantalones en lugares públicos.
  • Discriminación en el ámbito religioso, en países de predominio cristianomusulmán, en los ortodoxos judíos, en el hinduismo, etc. En ese sentido, se ha señalado que la Biblia contiene expresiones consideradas por algunas corrientes como machistas, por ejemplo, "la esposa de Noé", "las hijas de Lot", "la suegra de Pedro", que son interpretadas como un indicio de posesión, acentuado al no mencionar el nombre propio de ellas. Otro ejemplo en el Nuevo Testamento es la expresión en la primera epístola de Pablo a los Corintios 14:34 (Versión Reina-Valera 1909) que dice: "Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar".
  • División sexista del trabajo, por el cual se prefieren a otros hombres en puestos decisorios. Originalmente la división sexista se fundamentó en la diferente capacidad física y muscular, en la que los hombres tenían ventaja comparativa. En cambio, en la sociedad actual la fuerza física perdió importancia, mientras que las capacidades intelectivas y las habilidades sociales fueron ganándola, lo que ha contribuido a la incorporación de muchas mujeres al trabajo asalariado. También se refiere a un pago de salario menor a las mujeres que a los hombres a cambio del mismo trabajo. El comportamiento sexista se debe a los prejuicios cognitivos de efecto Halo respecto a la fuerza, efecto de carro ganador, y a otros efectos como falsa vivencia por parte de los que quieren mantenerlo, que más tarde se convierten en falacias de apelar a la tradiciónfalacia por asociación y generalizaciones apresuradas.
  • Los medios de comunicación y la publicidad sexista, al realizar ciertas conductas o modelos como siendo los más adecuados o típicos de las mujeres.
  • Inseguridad: Este es un elemento a considerar. Algunos psicólogos han mencionado que si el hombre o mujer tienen baja seguridad personal pueden sentirse estresados y reaccionar violentamente ante situaciones que consideran amenazadoras.
  • MACHISMO
  • Definición de machismo: Actitud y comportamiento de las personas que consideran al hombre superior a la mujer.
  • Estas actitudes machistas han desencadenado grandes problemas de violencia y maltrato en las familias, porque como el hombre se cree superior, piensa que tiene todos los derechos sobre su esposa, imponiendo sus reglas e incumpliéndolas.
  • Derechos que sobrepasan los límites físicos y psicológicos, que acaban con el amor, la armonía y la felicidad, dañando la integridad de la otra persona y de los hijos que presencian esta clase de conflictos; quienes son los más afectados con situaciones como estas, debido a los traumas que se adquieren, los cuales son difíciles de remediar, olvidar y sanar.
  • De donde surge el macho mexicano Y es que, ¿de dónde surge el macho ? Verlo como producto de la industria cultural mexicana del cine de oro de los años cuarenta sería un análisis pobre. el machismo no es más que la máscara que esconde la marginación subjetiva (a veces automarginación del mexicano y otras, co-marginación de otros mexicanos). Se crea el arquetipo del “ charro mexicano ” y de la “ Adelita ” (la mujer subyugada que no por eso vive en la infelicidad) y se forma el arquetipo clásico de la mexicanidad .
  • Es la voz estridente que dice al mundo que en México “ nadie se raja ”, que el macho es “ el chingón ” (en la extensión de lo que chingar se refiere en su acepción erótica de dominación sexual) para ocultar la patética forma de una identidad escuálida, temerosa de mostrar sus emociones e incapaz de retar su narrativa tradicional patógena con el fin de forjar una nueva realidad cultural. En no pocas ocasiones, en muchas referencias, como lugar común, se oye o se lee que México "es el país del machismo". Esta temeraria afirmación tiene su fundamento y justificación en el insistente grito mexicano de las borracheras, las canciones y las películas, porque en efecto resulta imposible encontrar en otras latitudes una equivalencia de esta afición mexicana de proclamar a los cuatro vientos cuán macho se es. Pero no puede conferir carta de exclusividad. Desconocer el machismo manifiesto en muchos otros pueblos y países, además de ser una crasa ignorancia, los priva, machistamente. de su derecho a ejercerlo cabalmente
  • Que genera el machismo
    • El punto de vista psicológico principal, es el desarrollo de la identidad sexual. El niño, desde la primera infancia es forzado a demostrar su hombría, a separarse de su madre, a poner un muro entre el mundo femenino, simbolizado por su madre, y el mundo masculino, donde la competencia, la agresividad, la independencia y el silencio son los valores aplaudidos. Durante ese periodo las niñas no sufren esa presión de demostrar sus feminidad (eso ocurre después) y su desarrollo es más bien normal. Esto se puede apreciar en la primaria, antes, los niños y niñas jugaban juntos sin distinción ni discriminación, luego los niños se separan de las niñas y crean el infame club de Toby, despreciando todo lo que sea femenino para reforzar una ficticia y sobre valorada identidad masculina.
    • Se han catalogado artificialmente los sentimientos distinguiendo los masculinos de los femeninos. El miedo, la tristeza, la soledad son emociones que todo hombre debe negar; la ternura, la alegría, la vergüenza y la sensibilidad corresponden únicamente a la mujeres; el enojo, el deseo sexual y el orgullo son de exclusividad masculina. Para poder acatar esto, los hombres y mujeres deben de reprimir las emociones que no les corresponden, produciendo así sólo enfermedades psicológicas.
  • Se han establecido, igualmente de manera artificial, las tareas asignadas a cada género dentro del hogar: las mujeres se encargan de los niños y del orden de la casa; mientras tanto, los hombres se encargan de proveer los bienes materiales necesarios. Con esta sola justificación el hombre puede ausentarse del hogar cuanto desee y hacer con su tiempo libre lo que le venga en gana, mientras tanto la mujer debe perder su individualidad y sus intereses propios para dedicarse por completo a las necesidades familiares. En los infantes, el padre ausente, genera inseguridades, que afectan a tanto a niños como a niñas y ayudan a perpetuar el machismo. sólo los hombres saben administrar le dinero, sin rendir cuentas a nadie, mientras que las mujeres tienen que rogar por el acceso al dinero, si es que no pueden ganarse el propio, y el poco dinero al que tienen acceso, lo tienen que dedicar por completo al hogar, mientras que las grandes cantidades, las decisiones importantes, son hechas por el hombre. Los hombres pueden hacer uso discrecional de su dinero, las mujeres no.
  • utilizan muy rara vez el condón y casi nunca acceden a practicarse la vasectomía, dejando a sus mujeres toda la responsabilidad de evitar los embarazos, Está muy arraigado en nosotros, es muy fácil ser machista porque se nos resbalan las actitudes de discriminación y de poder; hay que estar muy alerta para que no se cuele aunque no se va a erradicar hasta que como sociedad y gobierno lo hagamos juntos”, Sobre el machismo Es uno de los principales motivos de una separación o divorcio, sin embargo, la independencia que ha demostrado la mujer y que ya es visible ante los ojos del hombre es hoy por hoy la principal causa de disoluciones de matrimonios, ya que el hombre siente que pierde poder y sobreviene la violencia física, emocional, sexual y social.
  • Cuando la mujer es económicamente independiente o es proveedora en el hogar motiva un divorcio, ya que para el hombre el ser proveedor le construye la hombría y llega la mujer siendo proveedora y eso le genera ese conflicto. “ Lo mejor que se le puede dar a los hijos, además de buenos hábitos, son buenos recuerdos” .
  • “ La violencia se aprende en la casa y se reproduce en la sociedad, pero la ventaja es que todo lo aprendible se puede desaprender”,Esto si es machismo
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    Violencia contra la mujer


    Una víctima de violencia contra la mujer.
    La violencia contra la mujer es todo tipo de violencia ejercida contra la mujer por su condición de mujer. Esta violencia es consecuencia de la histórica posición de la mujer en la familia patriarcal, subordinada al varón, carente de plenos derechos como persona.[1] La violencia contra la mujer presenta numerosas facetas que van desde la discriminación y el menosprecio hasta la agresión física o psicológica y el asesinato. Produciéndose en muy diferentes ámbitos (familiar, laboral, formativo,..), adquiere especial dramatismo en el ámbito de la pareja y doméstico, anualmente decenas o cientos de mujeres son asesinadas a manos de sus parejas en diferentes países del mundo.[2]
    Al menos una de cada tres mujeres en el mundo ha padecido a lo largo de su vida un acto de violencia de género (maltrato, violación, abuso, acoso,…) Desde diversos organismos internacionales se ha resaltado que este tipo de violencia es la primera causa de muerte o invalidez para las mujeres entre 15 y 44 años.
    Raquel Osborne.[3]
    Las Naciones Unidas en su 85ª sesión plenaria, el 20 de diciembre de 1993, ratificó la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, en la que se la reconoce como un grave atentado contra los derechos humanos e «insta a que se hagan todos los esfuerzos posibles para que sea [la declaración] universalmente conocida y respetada». Define la violencia contra la mujer en su primer artículo:
    A los efectos de la presente Declaración, por "violencia contra la mujer" se entiende todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada.
    En la actualidad, Estados, organizaciones internacionales y muy diferentes colectivos, fundamentalmente feministas, destinan numerosos esfuerzos para erradicarla. Kofi Annan, en su condicción de secretario general de las Naciones Unidas (hoy ya ex secretario), en numerosas ocasiones, mostró su preocupación y la de las Naciones Unidas: «La violencia contra la mujer tiene un alcance mundial y se presenta en todas las sociedades y culturas, afectando a la mujer sin importar su raza, etnia, origen social, riqueza, nacionalidad o [...] condición».[4]
    Dado que la violencia contra la mujer es mayoritariamente ejercida por los hombres respondiendo a condicionamientos sexistas, se usa el término «violencia machista» para referirse a esta violencia contra la mujer ejercida por el hombre (eso es, la inmensa mayoría). En este caso, es relevante la aportación de la ley autonómica catalana 5/2008 de 24 de abril[5] que define este término y cómo debe abordarlo la administración autonómica catalana.
    El término «violencia de género» también es frecuentemente utilizado. Sería una expresión menos concreta y que en cierto modo suaviza la verdadera naturaleza de la violencia contra la mujer.[6] Menos concreta porque se referiría a la violencia practicada desde ambos sexos (si se presupone que existe una violencia específica ejercida por la mujer contra el hombre por razones de sexo); y, en cierto modo, edulcorada, ya que obviaría un factor que no es simétrico, que únicamente es causa en la violencia del hombre contra la mujer: el sentimiento de superioridad y dominación de éste sobre ella y, más extensamente, el machismo. Otro tanto ocurriría con los términos «violencia sexista» y «violencia de pareja».
    La expresión violencia de género es la traducción del inglés gender-based violence o gender violence, expresión difundida a raíz del Congreso sobre la Mujer celebrado en Pekín en 1995 bajo los auspicios de la [ONU]. En el inglés se documenta desde antiguo un uso translaticio de gender como sinónimo de sex,[7] sin duda nacido del empeño puritano en evitar este vocablo. Con el auge de los estudios feministas, en los años sesenta del siglo xx se comenzó a utilizar en el mundo anglosajón el término gender con el sentido de «sexo de un ser humano» desde el punto de vista específico de las diferencias sociales y culturales, en oposición a las biológicas, existentes entre hombres y mujeres.[8] En español las palabras tienen género, mientras que los seres vivos tienen sexo. En español no existía tradición de uso de la palabra género como sinónimo de sexo. Mientras que con la voz sexo se designaba una categoría meramente orgánica, biológica, con el término género se ha venido aludiendo a una categoría sociocultural que implica diferencias o desigualdades de índole social, económica, política, laboral, etc. En esa línea se habla de estudios de género, discriminación de género, violencia de género, etc. Y sobre esa base se ha llegado a extender el uso del término género hasta su equivalencia con sexo.[9]
    Los términos «violencia familiar» o «violencia intrafamiliar», en sí comprenden la violencia entre todos los miembros de la familia. Con una importante presencia en Sudamérica, se vienen utilizando desde 1988 y 1993 para referirse a la violencia ejercida contra la mujer en el ámbito de la familia, y más concretamente de la pareja, debido a que frecuentemente la violencia ejercida en este ámbito va dirigida contra la mujer. Sería específica de estos casos, y referida a sucesos de violencia contra la mujer en este ámbito no debería ofrecer dudas. De igual modo, desde 1983 también se utiliza «violencia doméstica» ya que resulta común que la violencia contra la mujer aparezca en el ámbito doméstico, aunque, como Raquel Osborne expone en su libro Apuntes sobre violencia de género, oculta la causa y carácter de esta violencia.[10]
    Cuando la violencia se da en un pareja no conviviente, suele utilizarse la expresión violencia en el noviazgo
    En todo caso, existen controversias sobre la terminología a usar en los marcos legislativo y penal.

     La violencia contra la mujer tratada en los organismos oficiales

    En 1993 las Naciones Unidas reconocían «la urgente necesidad de una aplicación universal a la mujer de los derechos y principios relativos a la igualdad, seguridad, libertad, integridad y dignidad de todos los seres humanos». También reconocía el papel desempeñado por las organizaciones en pro de los derechos de la mujer, organizaciones que facilitaron dar visibilidad al problema.
    Siendo la violencia contra la mujer un problema que afecta a los derechos humanos, que «constituye una manifestación de relaciones de poder históricamente desiguales entre el hombre y la mujer, que han conducido a la dominación de la mujer y a la discriminación en su contra por parte del hombre e impedido el adelanto pleno de la mujer, y que la violencia contra la mujer es uno de los mecanismos sociales fundamentales por los que se fuerza a la mujer a una situación de subordinación respecto del hombre», ve la necesidad de definirla con claridad como primer paso para que, principalmente los Estados, asuman sus responsabilidades y exista «un compromiso de la comunidad internacional para eliminar la violencia contra la mujer».
    La declaración incluye seis artículos en los que se define la violencia contra la mujer y las formas y ámbitos de esta violencia, al tiempo que enumera los derechos de las mujeres para alcanzar la igualdad y su pleno desarrollo e insta a los Estados y organizaciones internacionales a desarrollar estrategias y poner los medios para erradicarla.Raíces de la violencia contra la mujer
    La violencia contra la mujer está ligada a la consideración de la mujer que se desprende de la familia patriarcal. La humanidad en sus orígenes pudo estar constituida por comunidades matriarcales, así lo expuso Lewis Henry Morgan, considerado uno de los fundadores de la antropología moderna, en su libro La sociedad primitiva en 1877. «La abolición del derecho materno fue [pudo ser] la gran derrota del sexo femenino».[11] Actualmente la familia patriarcal puede aparecer desdibujada tras siglos de esfuerzos de la mujer por emanciparse; en sus orígenes, convirtió a la mujer en objeto propiedad del hombre, el patriarca. Al patriarca pertenecían los bienes materiales de la familia y sus miembros. Así, la mujer pasaba de las manos del padre a las manos del esposo, teniendo ambos plena autoridad sobre ella, pudiendo decidir, incluso, sobre su vida. La mujer estaba excluida de la sociedad, formaba parte del patrimonio de la familia, relegada a la función reproductora y labores domesticas.
    En la Roma clásica, en sus primeros tiempos, es manifiesta la dependencia de la mujer, debiendo obediencia y sumisión al padre y al marido.
  • El paterfamilias tenía sobre sus hijos en derecho a vida y muerte; podía venderlos como esclavos en territorio extranjero, abandonarlos al nacer o entregarlos a manos de los familiares de sus víctimas si habían cometido algún delito; desposarlos y pactar o disolver sus matrimonios. Pero así como los varones pasaban a ser paterfamilias cuando moría el padre, y adquirían todas sus atribuciones jurídicas dentro de su familia, las mujeres, por el contrario, iban a permanecer de por vida subordinadas al poder masculino, basculando entre el padre, el suegro y el esposo.
    Este modelo de familia patriarcal ancestral sufrió durante la República y el Imperio numerosas modificaciones. El derecho sobre la vida de la mujer fue abolido. A ésta se le seguía reservando la pena de muerte en determinados supuestos, pero ya no era el marido el que decidía sobre ello, siendo la comunidad la encargada de juzgarla. En determinados momentos la mujer llegó a conseguir una cierta emancipación: podía divorciarse en igualdad de condiciones con el hombre, dejó de mostrarse como la mujer abnegada, sacrificada y sumisa y en la relación entre esposos se vio matizada la autoridad del marido. Esto ocurría principalmente en las clases altas y no evitó que la violencia siguiese dándose en el seno del matrimonio «dirigida a controlar y someter a las mujeres mediante la agresión física o el asesinato».[13]
    Los avances que pudieron darse durante la República y el Imperio romanos desaparecieron en el periodo oscuro del medievo. Una sociedad que rendía culto a la violencia, la ejerció también contra las mujeres y estas se convirtieron frecuentemente en moneda de cambio para fraguar alianzas entre familias. «En las clases más bajas, además de cumplir con la función reproductora, constituían mano de obra para trabajar en el hogar y en el campo».[14]
    En esta historia han jugado un papel importante las religiones, suponiendo una justificación moral del modelo patriarcal: «Las casadas estén sujetas a sus maridos como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia y salvador de su cuerpo».[15]
    Otra consecuencia del patriarcado ha sido la exclusión histórica de la mujer de la sociedad; estando excluida de todos sus ámbitos: el cultural, el artístico, el político, el económico… Siendo ésta otra forma de violencia ejercida contra la mujer.
    No es hasta la revolución industrial en occidente, cuando se permite a la mujer participar en la vida social, que verdaderamente comienza una trayectoria de emancipación. No obstante, los usos y abusos cometidos contra las mujeres durante siglos, se ha demostrado difíciles de erradicar.

     Consideración actual

    La violencia contra las mujeres no es exclusiva de ningún sistema político o económico; se da en todas las sociedades del mundo y sin distinción de posición económica, raza o cultura. Las estructuras de poder de la sociedad que la perpetúan se caracterizan por su profundo arraigo y su intransigencia. En todo el mundo, la violencia o las amenazas de violencia impiden a las mujeres ejercitar sus derechos humanos y disfrutar de ellos.
    Amnistía Internacional, Está en nuestras manos. No más violencia contra las mujeres.[16]
    Fueron las organizaciones feministas en la segunda mitad del siglo XX las que dieron visibilidad plena al problema de la violencia contra la mujer. Es curioso que en muchos países se confeccionasen estadísticas sobre accidentes de tráfico al tiempo que se ignoraba la incidencia de feminicidios y violaciones. En Francia, un artículo de Janna Hanmer, aparecido en la revista Questions Feministes, dirigido por Simone de Beauvoir, se preguntaba por qué no se elaboraban estadísticas sobre la incidencia de la violencia contra la mujer en el seno de la familia; «encontraba la respuesta, precisamente, en que el fenómeno era considerado como un problema particular y no un hecho social».[17] América Latina y el Caribe ha sido «una de las regiones del mundo que mayor atención ha prestado a la lucha contra la violencia hacia la mujer», mostrándose especialmente activa en la consolidación de redes sociales, sensibilizando a los medios de comunicación, adquiriendo compromisos institucionales y legislando para erradicar un problema que afecta al 50% de la población mundial limitando y conculcando sus más elementales derechos humanos.[18] En aquellos tiempos costó hacer ver que las agresiones hacia las mujeres no eran producto de momentos de frustración, tensión o arrebatos, contingencias de la vida en común; sino que eran consecuencia de los intentos de mantener la subordinación de la mujer, de la consideración ancestral de la mujer como un objeto propiedad del hombre; y, por lo tanto, deberían dársele una consideración especial.[17]
    1975-1985 se declaró Decenio de la Mujer. Especial importancia tuvo la celebración del Tribunal Internacional de Crímenes contra las Mujeres en Bruselas en 1976, siendo la primera vez que se tipificaron como crímenes diferentes tipos de violencia cometidos contra las mujeres, creándose la Red Feminista Internacional con programas de apoyo y solidaridad. Consecuencia de su resonancia, en 1979, la Asamblea de las Naciones Unidas aprobó la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer y en 1980 se celebró en México la I Conferencia Mundial de la ONU sobre la Mujer, activándose al año siguiente la Convención para Erradicar la Discriminación contra la Mujer (CEDAW). Estos acontecimientos impulsaron toda una serie de medidas legislativas y modificaciones de códigos penales que en los diferentes países se han venido produciendo desde entonces. En 1993 las Naciones Unidas ratificaba la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer y en 1995, en Belem do Para (Brasil), se adoptó la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra la Mujer.[19]
    Hoy en día numerosos países cuentan con estrategias específicas para combatir la violencia contra la mujer. Estos países han modificado su legislación incluyendo en ella leyes contra la violencia hacia la mujer, diseñan planes generales y sectoriales para combatirla y promueven campañas para interesar a los diferentes ámbitos de la sociedad en este problema. Estas estrategias han servido a su vez para sensibilizar a Estados y Sociedad ante otras formas de violencia: contra la infancia, ancianos, minusválidos, colectivos minoritarios,…[18] No obstante, la violencia contra la mujer sigue produciéndose en tasas insoportables. También, habiendo sido las sociedades occidentales las pioneras en esta lucha, siendo en estas sociedades donde los movimientos por los derechos de la mujer antes y más se han desarrollado, en otras muchas sociedades, esta lucha se encuentra sensiblemente retrasada.

     Violencia contra la mujer en la familia

    La violencia contra la mujer comienza en la infancia y es en la familia donde principalmente se ejerce esa violencia. La infancia es especialmente vulnerable a la violencia y la niña sufre un plus añadido por su condición femenina. A la ablación, generalizada en determinadas comunidades e ineludiblemente ligada al sexo femenino, el comercio sexual que puede arrancar ya en el seno de la familia con la venta de la niña, o el infanticidio y los abusos sexuales, más frecuentemente ligados al sexo femenino, se une una más estricta autoridad paterna, ejercida también por hermanos, y una educación discriminatoria que limita sus expectativas vitales.
  • El infanticidio femenino es habitual en determinadas culturas. «En la India la proporción entre hombres y mujeres es la más desigual del mundo».[20] En Pakistán y Bangladesh existen parecidos desequilibrios y en regiones de China el infanticidio femenino está generalizado. Una percepción de la mujer devaluada, costumbres discriminatorias, considerar la educación de las niñas como una carga y los deseos del padre de perpetuar el apellido mediante un varón serían las causas de estos infanticidios. «En algunas zonas de Pakistán –y también en el vecino Afganistán- el nacimiento de una niña va acompañado de ritos de duelo».[21] En China, la imposición del «hijo único» en 1978, en un país con una marcada y ancestral preferencia por la descendencia masculina, multiplicó este tipo de infanticidios.[22] En la actualidad, la posibilidad de detectar el sexo durante el embarazo ha venido a agravar el problema con abortos selectivos.
    Más del 80% de las violaciones las perpetran miembros de la familia de la víctima, y mayoritariamente a edades muy tempranas, cuando esta no pasa de ser una niña. Padres, abuelos, tíos,... Adultos en los que ella confía pasan a ser sus agresores. Este es un problema mundial que en muchas ocasiones no trasciende más allá de los límites de la propia familia, la niña sufre la violencia en silencio, avergonzada y con sentimientos de culpa.[23]
    La venta de niñas sería otra violencia sufrida por la mujer en la infancia y en la familia. Estas ventas pueden tener diversas finalidades, pero el lucrativo negocio de la prostitución, las enfermizas inclinaciones sexuales de clientes, unido a la miseria en la que se ven sumidas muchas familias han extendido el comercio de niñas, menores de diez años en muchos casos, destinadas a la explotación sexual.[23] Podríamos decir que es un problema limitado a determinados países no occidentales, pero es occidente desde donde parten los clientes en un «turismo sexual» que está adquiriendo auge. «El llamado "turismo sexual" es una de las formas contemporáneas del saqueo al que viven sometidos los países pobres. […] Según la UNICEF existen en torno a doscientos mil adeptos del turismo sexual» (cuatro de cada diez turistas que visitan Tailandia lo hacen solos).[24]
    A estas violencias, aún habría que sumar otras muchas de menor carácter que irían desde un mayor autoritarismo paterno y familiar, a los matrimonios forzosos. La violencia ejercida contra la mujer, sea cual sea su naturaleza, tiene como marco preferente la familia.[25]

    Violencia contra la mujer en la pareja


    Mujer quemada con ácido, Camboya.
    La violencia contra la mujer por parte de su pareja o ex-pareja está generalizada en el mundo dándose en todos los grupos sociales independientemente de su nivel económico, cultural o cualquier otra consideración. Aún siendo de difícil cuantificación, dado que no todos los casos trascienden más allá del ámbito de la pareja, se supone que un elevado número de mujeres sufren o han sufrido este tipo de violencia. Estudios realizados en países por desarrollar arrojan una cifra de maltrato en torno al 20%, encontrándose los índices más bajos en países de Europa, en Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón con cifras en torno al 3%.[26]
    «Es un hecho que en una relación de pareja la interacción entre sus miembros adopta formas agresivas». En todas las relaciones humanas surgen conflictos y en las relaciones de pareja también. Las discusiones, incluso discusiones acaloradas, pueden formar parte de la relación de pareja. En relaciones de pareja conflictivas pueden surgir peleas y llegar a la agresión física entre ambos. Esto, que podría alcanzar cotas de violencia que serían censurables y perseguibles, formaría parte de las dificultades a las que se enfrentan las parejas. El maltrato nada tiene que ver con esto; en el maltrato el agresor siempre es el mismo: «Por definición, el conflicto es una modalidad relacional que implica reciprocidad y es susceptible de provocar un cambio. Por el contrario, el maltrato, aunque adopte las mismas formas –agresiones verbales y físicas-, es unilateral, siempre es la misma persona la que recibe los golpes».[27]
    En la pareja el maltrato es mayoritariamente ejercido por él contra ella. Tiene unas causas específicas: los intentos del hombre por dominar a la mujer, la baja estima que determinados hombres tienen de las mujeres; causas que conducen a procurar instaurar una relación de dominio mediante desprecios, amenazas y golpes.
    Los rasgos más visibles del maltrato son las palizas y los asesinatos, son los que trascienden del ámbito de la pareja; sin embargo, los maltratos de «baja intensidad», los maltratos psíquicos que mantenidos en el tiempo socavan la autoestima de la mujer, son los que mayoritariamente se dan.[28] Cuando trasciende un caso de maltratos, la mujer puede llevar años sufriéndolos. Y si los maltratos pueden producirse en cualquier etapa de la historia de la pareja, es en el momento de la ruptura y tras esta, si se produce, cuando llegan a exacerbarse.
    Es frecuente tratar el tema de los maltratos como casos individuales, los maltratadores sufrirían una suerte de trastornos que les conducirían a maltratar a la mujer y a ésta, en su fragilidad, a recibir esos maltratos. Esta sería una visión del problema tranquilizadora que no pondría en cuestión el modelo patriarcal.
    El modelo psicopatológico explica la violencia como resultado de conductas desviadas propias de ciertos individuos cuya historia personal está caracterizada por una grave perturbación. Este enfoque, al fin y al cabo tranquilizador, habla de un «otro», un «enfermo» o «delincuente», al que, después de examinarlo, se le puede castigar o tratar médicamente. Desde el punto de vista feminista la violencia masculina se percibe como un mecanismo de control social que mantiene la subordinación de las mujeres respecto de los hombres. La violencia contra las mujeres se deriva de un sistema social cuyos valores y representaciones asignan a la mujer el status de sujeto dominado.
    Las consecuencias últimas de la violencia contra la mujer en la pareja son la de decenas o cientos de mujeres muertas cada año, en los diferentes países, a manos de sus parejas o ex-parejas.

     Violación

    Las violaciones son una realidad mundial. Tanto en los países ricos como en los pobres, pese a las diferencias culturales, religiosas y sociales las mujeres siguen consideradas frecuentemente como meros objetos
    «La violación es, sin ningún género de dudas, la forma más evidente de dominación ejercida, de manera violenta, por los hombres sobre las mujeres».[30] En ella se traslucen los iconos atávicos presentes aún en la mente del hombre, lo que se conoce como machismo: implica un menosprecio de la mujer considerándola como mero objeto destinado a satisfacer las apetencias sexuales y la convicción de que la mujer debe estar sometida al hombre. No supone considerar a la mujer inferior al hombre en una cuestión de grado sino el considerarla un ser inferior, un ser con el que se pueden cometer todo tipo de excesos.
    Más del 14% de las mujeres Estadounidenses mayores de 17 años admiten haber sido violadas. Esta cifra se podría extrapolar a otras sociedades occidentales. Y aunque en países este porcentaje puede bajar (8% en Canadá, 11,6 en Suiza, 5,9 en Finlandia), en Sudáfrica, uno de los países en los que el problema es más preocupante, el porcentaje sube al 25% con 1.500.000 violaciones cada año. Nuevamente es en el ámbito familiar donde se produce el mayor porcentaje de violaciones, probablemente más del 70%.[31] [32]
    Las cifras ponen de relieve la dimensión de la violación como abuso de poder y confianza, y echan por tierra la tendencia culpabilizadota de tantas sociedades que consideran que las víctimas de las violaciones son unas mujeres imprudentes que tienen comportamientos arriesgados: atuendos provocativos, salidas nocturnas, Etc.
    Serían las mujeres con unos mayores niveles de formación e independencia las que más estarían expuestas a ser violadas. Estarían más expuestas a ser violadas aquellas mujeres con mayor determinación ante los requerimientos sexuales no deseados; lo que indicaría que muchas violaciones no llegan a producirse al ceder las mujeres ante relaciones sexuales impuestas. Por lo que al hecho de la violación habría que sumar el de la imposición de relaciones sexuales no deseadas, forma de violación que no figuraría en las estadísticas.[31]
    La sexualidad no siempre resulta una elección para la adolescente: un 15,4 por 100 de las chicas declaraban «haber sufrido una o varias relaciones sexuales “bajo coerción” o “a la fuerza”». Entre ellas, las tres cuartas partes de las relaciones impuestas lo habían sido por otros jóvenes y, con mayor frecuencia, por jóvenes conocidos.
    La violación produce efectos devastadores que van más allá de los causados por la violencia ejercida. Las mujeres violadas pueden caer en profundas depresiones, pudiendo llegar a suicidarse, pueden cambiar su carácter volviéndose más retraídas, caer en el consumo de alcohol o drogas,… El sida o quedar embarazadas de su agresor son también sus posibles consecuencias. Las mujeres víctimas de la violación sufren una doble agresión, a la del agresor se suma la de la familia y la comunidad. La mujer violada queda estigmatizada por una familia y una sociedad que depositan su honor en su cuerpo. En según que culturas puede ser asesinada por miembros de su propia familia para «lavar su honor» o sufrir su rechazo y el de la comunidad.
    Lo cierto es que la tradición tribal iraquí no les deja elección: cuando una mujer es «mancillada» por una violación o por un acto sexual extramatrimonial, está poniendo en peligro el honor de su familia y de toda la tribu. A la violación se responde con represalias, pero lo primero es eliminar la «mancha», para lo que es necesario eliminar físicamente a la mujer.
  • MUJER, MACHISMO Y DEPORTE
     
    Los estereotipos sociales tradicionalmente ligados a la feminidad, como la pasividad y la
    sumisión, junto a unas diferencias biológicas mal interpretadas siguen limitando la
    actividad físico-deportiva de las mujeres. Ellas practican menos deportes y con menos
    frecuencia que los hombres, inclinándose además por la natación, el tenis y la gimnasia,
    como prácticas que no contradicen el modelo femenino tradicional.
    Nuestra cultura occidental ha defendido hasta hace bien poco tiempo que las mujeres
    no sólo eran diferentes a los hombres, sino inferiores. Los estereotipos tradicionalmente
    ligados a la feminidad (pasividad, sensibilidad, sumisión) y a la masculinidad (actividad,
    dureza, agresividad) siguen estando vigentes en cierta medida y han ejercido una
    fuerte influencia en el ámbito del deporte. Las diferencias biológicas mal interpretadas,
    o intencionadamente interpretadas, han sustentado normas de comportamiento que
    han supuesto para las mujeres una importante limitación del conocimiento y uso del
    propio cuerpo, así como han limitado su actividad físico-deportiva.
    Como señala J. Hargreaves, la hegemonía masculina en el deporte es más resistente al
    cambio que cualquier otra área de la cultura. El modelos deportivo dominante sigue
    siendo el modelo "instrumental", donde la racionalidad preside el proceso de mejora
    continua, bajo el conocido principio de
    instrumento de consecución de metas, de batir récords, sin tener en consideración sus
    emociones, sentimientos, esperanzas, ansiedades y recuerdos.
    Así, el deporte es el ámbito social perfecto para escenificar la identidad masculina:
    agresión y rivalidad bajo unas determinadas reglas, una violencia admitida dentro del
    juego de Klein.
    El deporte moderno ha sido desde su orígenes (en la Inglaterra del siglo XIX) un ámbito
    de hombres y para hombres. Las mujeres se han ido incorporando a medida que han
    accedido a otros espacios y actividades públicas, pero siempre bajo la amenaza del
    listón masculino que las ha situado por debajo de la marca.
    Las interpretaciones más radicales sobre el machismo en el deporte lo definen como
    una expresión del sentimiento de inferioridad de los hombres frente a las mujeres,
    necesitando competir entre ellos y demostrar quién es el mejor para compensar su falta
    de autoconfianza. Las bases del machismo en le deporte se sustentan en la idea de que
    si existe una ámbito en el que no existen dudas sobre las diferencias biológicas entre
    hombres y mujeres (y sobre la superioridad masculina), ése es el deportivo. En una
    sociedad donde las mujeres reivindican y consiguen incorporarse a muchos ámbitos en
    igualdad de condiciones, el mundo deportivo permanece como reducto de difícil acceso,
    sustentando en la diferencia biológica.
    El deporte, como conducta corporal y social aprendida, juega un papel central en la
    construcción y consolidación de la jerarquía existente entre los géneros, porque está
    estrechamente asociada con lo natural, con lo "obvio" Messner.
    La identidad masculina y femenina se conforman socialmente aprendiendo pautas de
    comportamiento desde la más temprana infancia ("jugar con muñecas es de niñas", "los
    niños son más brutos"...), y en este proceso los aprendizajes motores y de utilización y
    percepción del propio cuerpo forman parte muy importante ("niña no te muevas
    tanto"...).
    citius, altius, fortius; el cuerpo es un mero
    Preferencias femeninas
    Así pues, no es de extrañar que las mujeres prefieran mayoritariamente actividades
    físico-deportivas elegantes, graciosas, que estén de acuerdo con el modelo femenino
    socialmente aceptado y personalmente interiorizado. Según un estudio sobre
    comportamiento deportivo de las mujeres españolas, realizado por la profesora Benilde
    Vázquez, las mujeres consideran que son la natación (45%), el tenis (39%) y la
    gimnasia (38%) los tres deportes más apropiados para ellas, mientras que los que
    consideran menos apropiados son el fútbol (para el 46%), el boxeo (40%) y el rugby
    (13%).
    Es la trasnochada cultura machista la que desarrolló ciertos mitos asociados al deporte
    y las mujeres, y que, en cierta forma, siguen funcionando en nuestro inconsciente
    colectivo.
    Según Eitzen y Sage, estos mitos han mantenido apartadas a la gran mayoría de las
    mujeres de la mayor parte de los deportes. En España, durante el período franquista
    fueron argumentos ampliamente utilizados para evitar la práctica de los deportes más
    "masculinos" por parte de las mujeres.
    El primero de ellos, la
    que en la aceptación del modelo cultural tradicional que asocia lo masculino con
    fortaleza y lo femenino con fragilidad. Hoy no puede asociarse musculación
    exclusivamente con lo masculino, ya que se ha extendido la imagen de la mujer
    musculada como una opción más. El segundo mito señala que el deporte es
    para la salud de la mujer
    beneficioso tanto para hombres como para mujeres practicado moderadamente, y que
    comienza a resultar peligroso cuando se sobrepasan ciertos límites. El tercero de los
    mitos se refiere a que las mujeres
    derribando progresivamente a medida que las mujeres han ido introduciéndose en los
    diferentes deportes. Destacando y consiguiendo medallas y premios en deportes como:
    gimnasia rítmica, vela, judo, ciclismo, esquí, tenis, natación, atletismo, hípica, tiro
    olímpico, gimnasia artística...
    La diferente participación deportiva en España, entre hombres y mujeres, ha sido
    analizada en varios estudios. De forma sintética podemos señalar que las mujeres
    españolas prefieren practicar actividades físico-deportivas como la natación, el tenis y la
    gimnasia, es decir, deportes que no contradicen el modelo femenino tradicional, como
    hemos visto; por otra parte, practican menos deportes y con menor frecuencia que los
    hombres, así como asisten en menor medida a espectáculos deportivos. También su
    actividad deportiva se relaciona con la de sus hijos en mayor medida que la de los
    hombres.
    masculinización a través del deporte, no se sustenta en nada másperjudicial. Hoy en día lo que se defiende es que el deporte esno son “buenas” para el deporte. Este mito se ha ido
    Ausencia deportiva de las mujeres
    Podemos hablar de varias explicaciones para esta ausencia deportiva de las mujeres.
    Por una parte, el rechazo a unas prácticas que no coinciden con el modelo cultural
    femenino que todavía en nuestra sociedad: el ser una actividad "inventada" por y para
    hombres hay que someterse a las reglas y normas instauradas para poder participar.
    Por otra parte, no hay que olvidar que todavía hoy en día la mayoría de las tareas
    domésticas, así como el cuidado de las personas dependientes (niños, ancianos,
    enfermos) sigue recayendo en las mujeres, por lo que el tiempo libre de que disponen,
    además de escaso, está fragmentado, de forma que es bastante difícil practicar
    actividades como las deportivas que exigen un tiempo e infraestructura (transporte,
    tener con quién dejar a los niños...). Este mismo argumento puede explicar la escasa
    presencia de las mujeres en los puestos de dirección del deporte, ya que la labor
    directiva, al ser fundamentalmente voluntaria, se desarrolla en horarios de tarde-noche
    y en fines de semana.
    En definitiva, el machismo en el deporte constriñes tanto a las mujeres como a los
    hombres. Cuando son éstos los que practican deportes que no coinciden con los
    masculinos, como la gimnasia, son vistos como afeminados y poco viriles y son
    socialmente penalizados. Por lo tanto, el machismo tradicional empobrece la práctica
    deportiva, impidiendo el desarrollo de todas las potencialidades humanas.
    Es evidente que las diferencias biológicas existen, pero esto debe llevarnos a plantear
    que cada persona debe ser evaluada y considerada individualmente, teniendo en cuenta
    su sexo, edad y condición física, creando nuevas reglas que no tachen de inferior ni a
    mujeres un a hombres, sino diferentes.
    El deporte de alta competición, son los Juegos Olímpicos como máximo exponente, está
    tan mediatizado por intereses económicos y políticos que se hace muy difícil introducir
    cualquier reflexión sobre nuevas reglas, aunque hemos visto recientemente en Atlanta
    cómo se han incorporado algunas novedades como el "softball" (deporte parecido al
    béisbol pero con diferentes dimensiones) y ha entrado por vez primera el fútbol
    practicado por mujeres (con un gran menosprecio informativo por parte de los medios
    de comunicación españoles).
    No se trata de crear nuevos mitos de igualdad absoluta ignorante de las diferencias, pro
    éstas deben servir para enriquecer a las personas, permitiendo una elección más libre
    del tipo de actividad físico-deportiva que se desee practicar.
    Es quizás en el deporte de tiempo libre donde la innovación tenga más posibilidades. La
    marcha o el paseo como actividad física, el baile, los deportes de riesgo y aventura,
    desarrollan nuevos valores como son la expresividad, la comunicación, el respeto a la
    naturaleza, el placer, sin marcas o listones que clasifiquen a las personas.
    Puede que el enriquecimiento venga con el desarrollo de un nuevo modelo deportivo
    "expresivo", que no considera la actividad deportiva como un mero instrumento de
    obtención de marcas y premios, donde hay vencedores y vencidos, sino como un fin en
    sí misma, donde el conocimiento y disfrute del propio cuerpo, el placer del movimiento
    y de la cooperación jueguen un papel importante.El grupo Hombres contra la desigualdad de género es un colectivo de hombres, nacido a finales de 2005, cuyo objetivo es la promoción de la igualdad entre mujeres y hombres, la lucha contra el machismo en todas sus formas y nuestra propia transformación personal.
    Nuestra actuación se desarrolla sobre varios ejes:
    - La reflexión sobre temas relacionados con la vigente desigualdad social entre mujeres y hombres, y sobre nuestros propios comportamientos que puedan contribuir a perpetuar la discriminación y el machismo.
    - La participación en iniciativas sociales diversas y en el debate público sobre la igualdad.
    - El desarrollo de iniciativas propias.
    No somos un grupo que preste servicios asistenciales, sanitarios o jurídicos. El Ministerio de Igualdad ha habilitado el teléfono 900210021, en el que se da información sobre recursos para hombres
    Serán bienvenidos a este grupo todos los hombres que quieran renunciar a los privilegios masculinos y que aspiren a la superación de la desigualdad de género que impone sobre las mujeres numerosas cargas sociales y discriminaciones.
  •  TERRORISMO MACHISTA
    Hay víctimas porque hay verdugos, mujeres asesinadas porque hay asesinos que matan a sus víctimas y generan un efecto de intimidación sobre otras mujeres. Son mensajeros de un sistema que dice a cada mujer: 'cuidado con sacar los pies del tiesto'. Hacemos frente a una violencia de dominación, a la que podría denominarse terrorismo. Sin olvidar que el principio de presunción de inocencia exige esperar a las decisiones judiciales para fijar culpabilidades, esta sección, centrada en un fragmento de la violencia machista, recoge información aparecida en medios de comunicación relativa a la violencia contra las mujeres ejercida presuntamente por hombres que han tenido con ellas algún tipo de vínculo personal, resaltando que donde hay víctima hay victimario, para agitar las conciencias de todos nosotros e incitarnos a asumir nuestra responsabilidad en la lucha contra la violencia de género, que comienza por cosas "pequeñas", pero importantes, como no reir ni aceptar en silencio los comentarios y chistes machistas y agresivos contra las mujeres que se emitan en nuestra presencia
Tradicionalmente el machismo ha estado asociado a la diferenciación de tareas entre hombres y mujeres, y a la subordinación de las mujeres en muchas sociedades. En la mayor parte de todas las sociedades que se conocen haber existido, los hombres en general han tenido mayor poder y estatus que las mujeres en el ámbito colectivo limitado a éstos, pero tambien en el de ambos en conjunto. En las sociedades modernas, las actitudes machistas tratan de justificar la mayor comodidad, preponderancia y bienestar de los hombres.
En ese sentido, se considera que es fruto del machismo que el trabajo menos reconocido o menos fatigoso sea asignado a las mujeres. También es parte del machismo el uso de cualquier tipo de violencia de género con el fin de mantener un control emocional o jerárquico sobre ellas. De hecho, el machismo es considerado como una forma de coacción no necesariamente física, sino también psicológica, siendo esta forma de expresión protectora una discriminación, ya que se ven subestimadas las capacidades de las mujeres alegando una mayor debilidad.

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